domingo, 11 de septiembre de 2011
Antigona(s)
25 de agosto de 1998
No sé si tengo ganas de escribirte María, algo me impulsa.
No es que esté mal, tal vez el tiempo, tal vez escuchar el murmullo de las gotas y la incertidumbre.
Tenemos tantos sueños Antigona mía, afuera llueve y recrudece este invierno gris.
Esos alaridos atraviesan mi garganta, pero decir esas verdades sería algo nefasto, nosotras sabemos, la verdad no puede ser dicha, no puede ser lenguaje.
Pero duele, duelen esas espadas como labios, duele esta tristeza tan mía, tan propia de mi naturaleza reptil.
Estoy sentada en un bar María, no tengo ganas de escribirte pero hay cosas que no puedo decirlas oralmente, quizás deje de llover, eso ya no importa.
Afuera llueve, sangre
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